Dedico este poema a los hombres que nunca se acostaron conmigo
a los hijos que no tuve
a los poemas que nadie escribió
Dedico este poema a las madres que no amaron a sus hijos
A las que murieron en hoteles
sin que nadie las acompañara
Lo dedico al autor de las pintas en los muros
Al hombre y a la mujer
Al torturado anónimo
Al que nunca dijo ni su nombre
Dedico este poema a los que gritan de dolor
y también a las parturientas
A los que gritan en la terminal de autobuses
en los portales del mercado
Lo dedico a los suicidas
A los poetas
que viven olvidados en alguna antología
Al que lava cadáveres
A las mujeres que se acuestan con todos
A los que siempre duermen solos
Dedico este poema a las comadres y a los compadres
que hacen el amor y se convierten en piedra
A los que se bañan con jícara
en Viernes Santo y se vuelven peces
Al hombre que quiso ser zopilote
y a los que sueñan que pueden volar
Dedico este poema al Señor de la Noche Estrellada
A la Guacamaya de Fuego
Al Llanto de las Moscas
A la Lluvia Verde
Al que Guarda la Miel
A la Hermandad de los Hermanos Menores
Al de la Máscara que Llora
Al Rugoso Caracol de Tierra
Al Vertedor de los Cuatro Rincones
A los Juntadores de Corteza para Preparar el Vino Ceremonial.
Lo dedico al que toca la flauta y el tambor cuando van a lavar
[los paños en el ojo de agua
A la que chapotea en las cascadas y se moja el pelo con
[agua de lirios
A la que da el pecho a su hijo en el cañaveral
A los que buscan el arco iris en el aceite de los charcos
A los remeros que inventan el canto con sus brazos
A los que lavan el nixtamal bajo la lluvia
A las que acarrean el agua en cántaros
y caminan por la carretera
A la niña viendo luciérnagas
A la niña con el candil en la mano
A los chamacos que saltan con el rastrojo en llamas
A los que corren sobre el fuego
entierran a sus muertos en la cocina
y cantan entre los escombros
Al que engaña a su muerte en las camas de los moribundos
Al que baja de los cerros para no quemarse con las estrellas
Al que agarra la mano de la muerte y baila con ella
A las que tienen muchas nueras y cargan iguanas en sus cabezas
A los colochos que venden nieve en tierra caliente
A los camaroneros divisando el cometa de madrugada
Al que arremanga su camisa y pide un hacha
A la que vende tamal de bola, de mumu y chipilln
A los que cortan elote tierno para comerlo crudo
y amarran la pata del perro que roba pollo
A los que hacen las maracas
y matan por amor
A los que se avientan al hoyo en el entierro de un amigo
Al poeta que no puede bajar del techo por estar tan enamorado
Al que hace lo que puede
Dedico este poema a los que no frecuentan cafés
ni piscinas ni saben hablar por teléfono
A los que no entran en los bancos
ni salen en la tele
A las de la primaria vespertina
que reciben declaraciones de amor con faltas de ortografía
A los poetas que nunca empiezan a escribir
A los meseros que tragan su dignidad
A las viejas que lavan ajeno
A las que no se atreven a opinar
ni a levantar la voz
A las que no pueden estar felices sin el consentimiento del macho
A los que se tiran al suelo y tragan su lengua entre la multitud
A las que duermen con sus delantales puestos
y piensan en el quehacer mientras sus maridos eyaculan prematuramente
A las que se levantan a oscuras en galeras de palma
A las que tortean en jacales
A la que se quemó su pelo
y manchó de tizne su falda
A los que asolean chilacayotes en su tejado
y no tienen sillones
A los que arrullan a sus hijos en tzotzil
y traen mugre bajo las uñas
A los pepenadores
A los que chaporrean
A los que siembran nopales y comen tortilla con sal
Al sereno que también trabaja de día
A la de la chancla rota que tiende cien camas cada mañana
Al viejo sin dientes que merca chicle en la playa
A los que viajan parados a la tierra del cacao
A las que traen las caras negras
y la cicatriz del llanto en su sordera
Dedico este poema al hombre encadenado
A los niños golpeados
A los hijos de alcohólicos
A las que cuidan a las criaturas de otros y ven a las suyas cada quincena
A la que trapea en el colegio y no sabe firmar su nombre
A las que comen en la mesa del hospicio
A los tullidos que se acurrucan junto al horno en alguna panadería
A los que atienden los baños públicos
y barren las calles al amanecer
A las que bailan en cabaretes
y están hartas
Dedico este poema al amasador de adobes que muere en la casa
[que construyé para otro
Al poeta en su velorio con la boca cerrada para siempre
A los que se escaparon de noche cuando el
[volcán sepultó su iglesia
A los vecinos que ya enterraron a sus hijos
uno tras otro como los años que pasan
A los que han tenido que vender a sus hijos
[su sangre y su sexo
A los que nada tienen que perder
Dedico este poema a los peones acasillados que
[invaden las tierras del patrón
A los que cavan túneles debajo del dinero
A los que prenden lumbre al ingenio
A los que no echan sombra y sin luna
[contemplan los puentes
A los niños de trece años que se alzan a
[la guerrilla
y conocen mujer por primera vez en la
[montaña
Para los dos heridos
Para Las Pelonas
Al tacuazín de Olga
A los chuchos apaleados
A niños que nacen en países donde la
[verdad está prohibida por ley
A los que han adoptado otro nombre
y llevan años sin saludar a la familia
A los que nunca durmieron en la misma cama
y comparten la fosa común
Dedico este poema a la madre que busca a
[su hijo en el anfiteatro
entre otros poemas decapitados
A la que no puede decir cuál cadáver es el suyo
y se despide de cada uno con un abrazo.
De: Ámbar Past
martes 26 de mayo de 2009
domingo 19 de abril de 2009
DILES - Angélica González
Diles
Dile a todos que soy la noche
y lo que en ella encuentras,
que soy las calles vacías
que soy la sombra del sol
Soy la máscara del día
el olor indescifrable
el negocio abandonado
Dile a todos que soy la noche
y lo que en ella hay,
diles que soy una cosa innombrable,
que soy los gatos
que soy los grupos de perros vagabundos
que soy el eco de los tacones
Dile a todos que soy la noche
y lo que ella representa,
el hueco de la luna,
que soy de las estrellas el nombre y apellido
Que soy
lo furtivo, lo escondido
y lo soñado
y lo dormido
La banca vacía
la soledad despostillada
o ese camión que nunca pasa..
Que soy el sueño de los días
y que soy
lo que sigue a los atardeceres
Diles que soy la luz de los semáforos
el anónimo grito abandonado
el suspiro detrás de lo oscurito
Dile a todos que soy la noche
pero solo
si te preguntan por mí.
De: Angélica González Macías
video participación para el festival de poesía ECOS III, en Casa del Lago
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méxico
jueves 16 de abril de 2009
Improvisación poética
improvisacion poetica / poetic improvisation from moises regla on Vimeo.
con una banda de poetas muy extrovertida, drogada y borracha
lunes 13 de abril de 2009
lunes 23 de marzo de 2009
VERDE SUBTERRÁNEO - Manuel de J.
Ya no cruzo la avenida.
Evito pasar por ella
desde que tractores
y maquinas absurdas
vinieron a purgar baches,
rellenarlos con piedritas.
Pero algunas cavidades
siguen supurando;
es la piel de un inmenso anfibio
extraviado en el subsuelo.
Debajo de toda esa cobertura,
se silencian los albores del jade
y palpitan membranas
abriendo una música de arcano,
cuando el drenaje
es una caja sin acústica.
Continúan mis nocturnos de asfalto,
grutas donde dibujaron con gises
las líneas para peatones.
Desvanecen junto a mi estela.
Ya no cruzo la avenida.
¿En que momento circulan mis miedos?
Hordas de neumáticos marchan por la tarde.
Anochece y los faros de camioneta
son las ánimas que pretenden embestirme.
Todavía cuando transitan armatostes
se mueve esa rana prehispánica
adormecida bajo tierra.
Ella también muere por fisuras,
con erupciones en la corteza.
Ya no cruzo la avenida.
sigue ahí una grieta que trascurre
hasta el más allá de los caminos
donde viaja por otras rutas
Junto a un remanso que apacigua mi esqueleto,
espero taciturno en el camellón balsámico
mientras cada vehículo da la hora
y menosprecia su edad de avenida.
Estoy con los ojos en un péndulo quieto
aguardando la señal
donde se hincha la roca
del veneno en la tubería.
la grieta inflamada verde
agria
una lengua excavadora
hojalata
palpitan membranas
nos absorbe el sueño verde
De: Manuel de J. Jiménez
Evito pasar por ella
desde que tractores
y maquinas absurdas
vinieron a purgar baches,
rellenarlos con piedritas.
Pero algunas cavidades
siguen supurando;
es la piel de un inmenso anfibio
extraviado en el subsuelo.
Debajo de toda esa cobertura,
se silencian los albores del jade
y palpitan membranas
abriendo una música de arcano,
cuando el drenaje
es una caja sin acústica.
Continúan mis nocturnos de asfalto,
grutas donde dibujaron con gises
las líneas para peatones.
Desvanecen junto a mi estela.
Ya no cruzo la avenida.
¿En que momento circulan mis miedos?
Hordas de neumáticos marchan por la tarde.
Anochece y los faros de camioneta
son las ánimas que pretenden embestirme.
Todavía cuando transitan armatostes
se mueve esa rana prehispánica
adormecida bajo tierra.
Ella también muere por fisuras,
con erupciones en la corteza.
Ya no cruzo la avenida.
sigue ahí una grieta que trascurre
hasta el más allá de los caminos
donde viaja por otras rutas
Junto a un remanso que apacigua mi esqueleto,
espero taciturno en el camellón balsámico
mientras cada vehículo da la hora
y menosprecia su edad de avenida.
Estoy con los ojos en un péndulo quieto
aguardando la señal
donde se hincha la roca
del veneno en la tubería.
la grieta inflamada verde
agria
una lengua excavadora
hojalata
palpitan membranas
nos absorbe el sueño verde
De: Manuel de J. Jiménez
miércoles 4 de marzo de 2009
sábado 14 de febrero de 2009
SERIE DE LOS PEQUEÑOS RECUERDOS EN GUATEMALA
El poeta Héctor Hernández Montecinos en el lago Atitlán, y la fiesta en el pueblo de San Fernando.
jueves 8 de enero de 2009
CINCO MINUTOS - Victor Ibarra
Cada segundo mueren dieciséis personas y desconozco sus nombres Sólo tengo mi reloj y mi sangre y cinco minutos para matar Un segundo Dos segundos Tres segundos Cuatro segundos Cinco segundos Seis segundos Siete segundos Ocho segundos Nueve segundos Diez segundos Once segundos Doce segundos Trece segundos Catorce segundos Quince segundos Dieciséis segundos Diecisiete segundos Dieciocho segundos Diecinueve segundos Veinte segundos Veintiún segundos Veintidós segundos Veintitrés segundos Veinticuatro segundos Veinticinco segundos Veintiséis segundos Veintisiete segundos Veintiocho segundos Veintinueve segundos Treinta segundos Treinta y un segundos Treinta y dos segundos Treinta y tres segundos Treinta y cuatro segundos Treinta y cinco segundos Treinta y seis segundos Treinta y siete segundos Treinta y ocho segundos Treinta y nueve segundos Cuarenta segundos Cuarenta y un segundos Cuarenta y dos segundos Cuarenta y tres segundos Cuarenta y cuatro segundos Cuarenta y cinco segundos Cuarenta y seis segundos Cuarenta y siete segundos Cuarenta y ocho segundos Cuarenta y nueve segundos Cincuenta segundos Cincuenta y un segundos Cincuenta y dos segundos Cincuenta y tres segundos Cincuenta y cuatro segundos Cincuenta y cinco segundos Cincuenta y seis segundos Cincuenta y siete segundos Cincuenta y ocho segundos Cincuenta y nueve segundos Sesenta segundos Sesenta y un segundos Sesenta y dos segundos Sesenta y tres segundos Sesenta y cuatro segundos Sesenta y cinco segundos Sesenta y seis segundos Sesenta y siete segundos Sesenta y ocho segundos Sesenta y nueve segundos Setenta segundos Setenta y un segundos Setenta y dos segundos Setenta y tres segundos Setenta y cuatro segundos Setenta y cinco segundos Setenta y seis segundos Setenta y siete segundos Setenta y ocho segundos Setenta y nueve segundos Ochenta segundos Ochenta y un segundos Ochenta y dos segundos Ochenta y tres segundos Ochenta y cuatro segundos Ochenta y cinco segundos Ochenta y seis segundos Ochenta y siete segundos Ochenta y ocho segundos Ochenta y nueve segundos Noventa segundos Noventa y un segundos Noventa y dos segundos Noventa y tres segundos Noventa y cuatro segundos Noventa y cinco segundos Noventa y seis segundos Noventa y siete segundos Noventa y ocho segundos Noventa y nueve segundos Cien Ciento un segundos Ciento dos segundos Ciento tres segundos Ciento cuatro segundos Ciento cinco segundos Ciento seis segundos Ciento siete segundos Ciento ocho segundos Ciento nueve segundos Ciento diez segundos Ciento once segundos Ciento doce segundos Ciento trece segundos Ciento catorce segundos Ciento quince segundos Ciento dieciséis segundos Ciento diecisiete segundos Ciento dieciocho segundos Ciento diecinueve segundos Ciento veinte segundos Ciento veintiún segundos Ciento veintidós segundos Ciento veintitrés segundos Ciento veinticuatro segundos Ciento veinticinco segundos Ciento veintiséis segundos Ciento veintisiete segundos Ciento veintiocho segundos Ciento veintinueve segundos Ciento treinta segundos Ciento treinta y un segundos Ciento treinta y dos segundos Ciento treinta y tres segundos Ciento treinta y cuatro segundos Ciento treinta y cinco segundos Ciento treinta y seis segundos Ciento treinta y siete segundos Ciento treinta y ocho segundos Ciento treinta y nueve segundos Ciento cuarenta segundos Ciento cuarenta y un segundos Ciento cuarenta y dos segundos Ciento cuarenta y tres segundos Ciento cuarenta y cuatro segundos Ciento cuarenta y cinco segundos Ciento cuarenta y seis segundos Ciento cuarenta y siete segundos Ciento cuarenta y ocho segundos Ciento cuarenta y nueve segundos Ciento cincuenta segundos Ciento cincuenta y un segundos Ciento cincuenta y dos segundos Ciento cincuenta y tres segundos Ciento cincuenta y cuatro segundos Ciento cincuenta y cinco segundos Ciento cincuenta y seis segundos Ciento cincuenta y siete segundos Ciento cincuenta y ocho segundos Ciento cincuenta y nueve segundos Ciento sesenta segundos Ciento sesenta y un segundos Ciento sesenta y dos segundos Ciento sesenta y tres segundos Ciento sesenta y cuatro segundos Ciento sesenta y cinco segundos Ciento sesenta y seis segundos Ciento sesenta y siete segundos Ciento sesenta y ocho segundos Ciento sesenta y nueve segundos Ciento setenta segundos Ciento setenta y un segundos Ciento setenta y dos segundos Ciento setenta y tres segundos Ciento setenta y cuatro segundos Ciento setenta y cinco segundos Ciento setenta y seis segundos Ciento setenta y siete segundos Ciento setenta y ocho segundos Ciento setenta y nueve segundos Ciento ochenta segundos Ciento ochenta y un segundos Ciento ochenta y dos segundos Ciento ochenta y tres segundos Ciento ochenta y cuatro segundos Ciento ochenta y cinco segundos Ciento ochenta y seis segundos Ciento ochenta y siete segundos Ciento ochenta y ocho segundos Ciento ochenta y nueve segundos Ciento noventa segundos Ciento noventa y un segundos Ciento noventa y dos segundos Ciento noventa y tres segundos Ciento noventa y cuatro segundos Ciento noventa y cinco segundos Ciento noventa y seis segundos Ciento noventa y siete segundos Ciento noventa y ocho segundos Ciento noventa y nueve segundos Doscientos un segundos Doscientos dos segundos Doscientos tres segundos Doscientos cuatro segundos Doscientos cinco segundos Doscientos seis segundos Doscientos siete segundos Doscientos ocho segundos Doscientos nueve segundos Doscientos diez segundos Doscientos once segundos Doscientos doce segundos Doscientos trece segundos Doscientos catorce segundos Doscientos quince segundos Doscientos dieciséis segundos Doscientos diecisiete segundos Doscientos dieciocho segundos Doscientos diecinueve segundos Doscientos veinte segundos Doscientos veintiún segundos Doscientos veintidós segundos Doscientos veintitrés segundos Doscientos veinticuatro segundos Doscientos veinticinco segundos Doscientos veintiséis segundos Doscientos veintisiete segundos Doscientos veintiocho segundos Doscientos veintinueve segundos Doscientos treinta segundos Doscientos treinta y un segundos Doscientos treinta y dos segundos Doscientos treinta y tres segundos Doscientos treinta y cuatro segundos Doscientos treinta y cinco segundos Doscientos treinta y seis segundos Doscientos treinta y siete segundos Doscientos treinta y ocho segundos Doscientos treinta y nueve segundos Doscientos cuarenta segundos Doscientos cuarenta y un segundos Doscientos cuarenta y dos segundos Doscientos cuarenta y tres segundos Doscientos cuarenta y cuatro segundos Doscientos cuarenta y cinco segundos Doscientos cuarenta y seis segundos Doscientos cuarenta y siete segundos Doscientos cuarenta y ocho segundos Doscientos cuarenta y nueve segundos Doscientos cincuenta segundos Doscientos cincuenta y un segundos Doscientos cincuenta y dos segundos Doscientos cincuenta y tres segundos Doscientos cincuenta y cuatro segundos Doscientos cincuenta y cinco segundos Doscientos cincuenta y seis segundos Doscientos cincuenta y siete segundos Doscientos cincuenta y ocho segundos Doscientos cincuenta y nueve segundos Doscientos sesenta segundos Doscientos sesenta y un segundos Doscientos sesenta y dos segundos Doscientos sesenta y tres segundos Doscientos sesenta y cuatro segundos Doscientos sesenta y cinco segundos Doscientos sesenta y seis segundos Doscientos sesenta y siete segundos Doscientos sesenta y ocho segundos Doscientos sesenta y nueve segundos Doscientos setenta segundos Doscientos setenta y un segundos Doscientos setenta y dos segundos Doscientos setenta y tres segundos Doscientos setenta y cuatro segundos Doscientos setenta y cinco segundos Doscientos setenta y seis segundos Doscientos setenta y siete segundos Doscientos setenta y ocho segundos Doscientos setenta y nueve segundos Doscientos ochenta segundos Doscientos ochenta y un segundos Doscientos ochenta y dos segundos Doscientos ochenta y tres segundos Doscientos ochenta y cuatro segundos Doscientos ochenta y cinco segundos Doscientos ochenta y seis segundos Doscientos ochenta y siete segundos Doscientos ochenta y ocho segundos Doscientos ochenta y nueve segundos Doscientos noventa segundos Doscientos noventa y un segundos Doscientos noventa y dos segundos Doscientos noventa y tres segundos Doscientos noventa y cuatro segundos Doscientos noventa y cinco segundos Doscientos noventa y seis segundos Doscientos noventa y siete segundos Doscientos noventa y ocho segundos Doscientos noventa y nueve segundos Trescientos segundos o las cuatro mil ochocientas fotografías ensangrentadas sin expresión de los periódicos Raúl Parra César López Carlos Villegas Mauricio González Aurora Ibarra Juan Ramírez Amadeo Papasquiaro María Bolaño Leonardo Orozco Vicente Hernández Patricia Huidobro Jesús Chávez Mónica Jiménez Dario Gorostiza Cristóbal Altamirano Daniel Miranda Meme Rocha Los cuatro mil ochocientos balazos en la sien Brazos piernas y manos amputadas Los versos que se perdieron en los jardines de jeringas y botellas rotas y que seguramente murieron desangrados Las cenizas anónimas que serán poemas Las flores que se cortan las venas bajo un arco iris de petróleo Los gritos de dolor renegados Los enemigos que se aman en el fondo que se besan y se olvidan de los golpes Los muertos que renacerán convertidos en diamantes cósmicos Cuando la poesía sea una escopeta apuntando contra la altura de las pirámides Cuando los poetas caminen sonámbulos sobre la cuerda floja Cuando terminen las guerras inútiles de los premios Cuando el áfrica no tenga más hambre que el hambre entre un idioma y otro Cuando mi sangre sea transparente perfore las rocas construya un semáforo en medio de la selva Como en el principio cuando la luz y la sombra eran invidentes Como en el principio cuando las piedras tenían pulmones y válvulas de sangre Como en el fin cuando los automóviles aprendieron a andar en bicicleta Como en el fin cuando las lágrimas volvieron a ser energía pura Sin temor a los fantasmas del delirio bajo los puentes del infierno Sin temor al fuego fatuo de las marcas en el pantalón o la playera Sin temor a los poetas muertos que leen sus poemas desde el inframundo Bajo las camas Bajo la lluvia de tinieblas al borde de los aplausos Bajo los relámpagos alaridos árboles frutales Hermosos como el vaho del silencio alrededor de una fogata Hermosos como las litografías de nubes y de niños dormidos en la eternidad Hermosos como el dolor Hermosos como la estela blanca del hospital que navega el amazonas durante la noche Hasta que los relojes dejen las armas y se quiten el casco Hasta que la escarcha dibuje la otra mitad de nuestros rostros Hasta que los muertos se levanten y coman de nuestra mesa Hasta que nombremos a todos los vivos con subtítulos estrambóticos Hasta que bajemos la montaña antes de subirla Hasta que los cantos utilicen detergente para borrar los códigos de barra de sus espaldas lo mismo que los adolescentes Hasta que cantemos a la altura de las rodillas tengamos sonajas y crayones en el pensamiento Hasta que nuestras huellas se conviertan en licuadoras o refrigeradores industriales den abrazos por doquier y no distingan las manos blancas de las negras .........................................................Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán Los muertos no morirán
De: Victor Ibarra
(Poema leído en el centro de Tlalpan.
20 de diciembre de 2008)
De: Victor Ibarra
(Poema leído en el centro de Tlalpan.
20 de diciembre de 2008)
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sábado 13 de diciembre de 2008
sábado 8 de noviembre de 2008
LECTURA HOMENAJE DEL DIA DE MUERTOS
A 10 años de la muerte de Mario Santiago Papasquiaro
Jóvenes poetas leyendo en una ofrenda-intervenciòn del Dìa de muertos en Mèxico.
detrás de las ofrendas a Octavio Paz
Leyendo también a Bolaño y Pessoa.
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